Cocina y refectorio

La Cocina

D-R-Cocina

De principios del siglo XV son la cocina y el refectorio, cuyas obras se alargaron hasta el día de Todos los Santos del año 1456. En la Cocina se distinguen tres zonas: la sala de portadores (cajas en las que se llevaba la comida a las celdas de los monjes), la despensa (con sus hornacinas o alacenas para guardar los alimentos) y el obrador en el que destacan dos molinos de piedra, el fogón, la pila para limpiar los útiles y su piso embaldosado, con una inclinación que facilitaba la limpieza del suelo al conducir directamente las aguas hacia un sistema de canales que la rodeaban completamente.

 

Hasta hace poco aún podía apreciarse el arranque de una escalera que conducía a una estancia superior utilizada como celda por el hermano cocinero, de gran importancia en el engranaje de la comunidad.

El refectorio

D-R-Refectorio

El Refectorio tenía unas dimensiones modestas en relación con la comunidad monástica; pero hemos de tener en cuenta que la mayoría de días los padres comen en la soledad de sus ermitorios la pitanza que les sirve el hermano cocinero a través del torno. No obstante, como en la mayor parte de las edificaciones en las que se reunía la comunidad, existía una separación entre los padres y hermanos, que comían en silencio mientras desde el púlpito se leían las Sagradas Escrituras. Las obras del Refectorio se alargaron hasta el día de Todos los Santos del año 1456. La estancia disponía de un sistema de calefacción radiante a través de gloria que permitía caldear la estancia en los meses de invierno.

 

Tras la cocina y el refectorio, se abría la Capilla de San Sebastián, adornada con un retablo pintado por Joan de Joanes a mitad del siglo XVI. Su función estaba destinada a atender las necesidades espirituales de los alojados en la Antigua Hospedería, que se levantaba frente a ella. En sus habitaciones se alojaron personajes tan importantes como San Vicente Ferrer, San Ignacio de Loyola, o el cismático Papa Luna (Benedicto XIII), que mandó construir en su interior una capilla dedicada a San Miguel, que llevaba las insignias del pontífice. El claustrillo que todas estas edificaciones formaban lo completaba la Celda Prioral.

- El Refectorio tenía unas dimensiones modestas en relación con la comunidad monástica; pero hemos de tener en cuenta que la mayoría de días los padres comen en la soledad de sus ermitorios la pitanza que les sirve el hermano cocinero a través del torno. -